Tan de moda en este momento la responsabilidad afectiva. Hay tantas definiciones e ideas al respecto que sólo vuelven más confuso el tema. Yo considero que, como casi todo lo que tiene que ver con las emociones, comienza y termina en uno.
Uno es responsable de sus propias emociones. Uno tiene la responsabilidad para con uno mismo de considerar los diferentes aspectos éticos, prácticos, pros y contras, a la hora de establecer vínculos afectivos. Y si del otro lado hay claridad y comunicación, sin mentiras, manipulación o dolo, no hay forma de responsabilizar al otro por tomar decisiones que procuren su propia felicidad.
Toda la vida he tratado de empatar mi felicidad con la de otros, muchas veces he fallado miserablemente. Y sé que la única tranquilidad que hallaré en esta tierra es el tratar de vivir acorde a una idea que me define: la felicidad es un bien preciado, que no se debería escatimar. Y la única fuente de felicidad es más felicidad. No puedes obtener felicidad a través de la coerción, el egoísmo y la manipulación.
Y la tranquilidad de saber que, a pesar de mis desatinos, trato de hacer lo correcto, me da una felicidad, que algún día, compartiré.
