Diáfano

Diáfano se siente el corazón mientras bombea nubes por mi cuerpo. Mi pecho es morada de vientos, guarida de tormentas. Tus ojos nutren el paisaje con el brillo de millones de estrellas. Tarde me dí cuenta que mi mente taciturna no alcanzó a poner bastión y todo quedó sin defensa.

Los ecos de tu voz incursionaron hasta la médula y mi calma fue sujeta a la narración inequívoca de las historias que alimentas.

Es todo y es nada, es espina y es niebla. Habitas en un sinfín de inexistencias en las que voy vagando los páramos dichosos de tu intermitente presencia.

Diáfano se siente el corazón que se astilla al regresar al momento en que la realidad no me alcanza para comprar lo que la fantasía quisiera llamar recuerdos.

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