La gota de sudor que recorre mi piel viaja en un sublime lamento. Cae rodando, rodando hasta alcanzar la meta; meta-humana debe ser. Resbala siguiendo la orografía de la piel, avanza entre pliegues de músculo y hueso. Y en su recorrido despeja poco a poco sus dudas, y en un instante pende de mi piel, y tiene miedo. Miedo de lo desconocido, miedo de haberlo todo perdido, miedo de caer.
Y entonces la gota cae, se separa, cae en el vacío, grita, más nadie la puede oír. Y en el peor momento de su efímera existencia, un estrépito y calidez. Y así, la gota de sudor al final recibe la respuesta al porque de su existencia, cuando violentamente golpea tu piel. Mi gota de sudor que recorre tu piel viaja en un sublime lamento…
